jueves, 22 de mayo de 2008

Estar allí

La antropología y la crónica son completamente idénticas, como si fueran gemelas, sin embargo, como todos los gemelos, por muy iguales que parezcan siempre hay algo que los diferencia. En este caso, la forma de confeccionar el texto final.
Por un lado, tenemos la crónica, esa extraña mezcla entre el género periodístico y la literatura. En ella se presentan casos reales, investigaciones o tesis, pero con la característica de estar relatados narrativamente, esta estrategia de escritura logra acercarse aún más al lector. Amar Sánchez establece que “los relatos de no-ficción no son simplemente transcripciones de hechos más a menos significativos, por el contrario plantean una cantidad de problemas teóricos debido a la peculiar relación que establecen entre lo real y la ficción, entre lo testimonial y su construcción narrativa. Tiene como premisa básica el uso de un material que debe ser respetado (…) los textos ponen en escena una versión con su lógica interna, no son una ‘repetición’ de lo real sino que constituyen otra realidad regida por las leyes propias con la que cuestionan la credibilidad de otras versiones”.
Es más fácil que quede grabado en nuestra memoria una novela de García Márquez, que la noticia de Clarín del día domingo, al respecto Amar Sánchez plantea que “el contacto con los medios masivos convierte a los textos en ‘sospechosos’, a la vez que el acercamiento a formas artísticas más ‘elevadas’ complica su ubicación”.
En cambio, la investigación del antropólogo debe presentarse sin “adornos” discursivos, Clifford Geertz sostiene que “los buenos textos antropológicos deben ser planos y faltos de toda pretensión. No deben invitar al atento examen critico literario, ni merecerlo”. Los textos antropológicos deben ser más distantes ante la mirada del público, es por ello que este a su vez es más selecto, debido a que la complejidad del trabajo no permite que la masa lectora entienda la terminología.
Geertz plantea que “lo que un buen etnógrafo debe hacer es ir a los sitios, volver con información sobre la gente que vive allí, y poner dicha información a disposición de la comunidad profesional de un modo práctico, en vez de vagar por las bibliotecas reflexionando sobre cuestiones literarias”.
A pesar de esta marcada diferencia, ambos trabajos, el del antropólogo y el del cronista son muy similares, ambos necesitan de una investigación exhaustiva sobre el tema que van a tratar para después poder realizar sus trabajos exitosamente, aunque los caminos que tomen a la hora de confeccionarlos sean diferentes

Noelia Santolini

No hay comentarios: