jueves, 22 de mayo de 2008

Borrados de la Crónica

Las imágenes siguen inmóviles, guardadas en el recuerdo de cada uno de nosotros, yo, recorro por ultima vez ese espacio, ese espacio lleno de angustia, dolor, injusticia, y esperanza. Sin embargo, esas caras duras, esos pañuelos blancos, tal vez nunca se enteren de que estuve allí, compartiendo en una porción muy pequeña su dolor y su angustia.
Al darle la espalda, sabía que esa sería la última vez que la vería en la Universidad, luego sería llevada por otros caminos, para que otros tantos como yo, la observaran. Esos rostros parecían de pronto mirarme, como despidiéndose, esos pañuelos siempre pulcros y relucientes por fuera, en realidad esconden manchas imborrables, manchas que la dictadura les ha dejado, como cicatrices que aún con correr del tiempo siguen allí, esperando ser borradas.
Esas mujeres y hombres parecían despedirse, mirarme y despedirse, y pedirme que no olvidara, ¿Cómo voy a olvidarme? ¿Cómo voy a olvidar esos rostros, llenos de dolor, de rabia, de desconcierto?, Llenos tristeza.
De pronto veo a una estudiante que mira con los ojos brillosos a punto de estallar en lágrimas, una foto, es la de Claudia Poblete, una beba que fue apropiada por la dictadura luego de desaparecer a sus padres.
Me acerco y le pregunto qué le pasa, me dice que no puede creer, que le causa impotencia esa imágen, por lo que le hicieron a ella y a sus padres. Es una persona que jamás he visto, pero al instante supe que sentíamos lo mismo. Es que todos al verla sienten lo mismo, uno no puede permanecer indiferente ante esos rostros, antes esas fotos, ni ante ese mapa, que muestra cada uno de los cientos de centros que hubo en la Argentina, ni puede permanecer indiferente antes esas cartas de familiares.
Claudia Poblete, fue al igual que otros tantos bebes, apropiada por la dictadura militar, luego de que sus padres fueran asesinados y pasen a ocupar un lugar en la lista de los 30.000 desaparecidos durante esa época.
Los niños robados o que las madres parían en los centros de detención fueron inscriptos como hijos propios por muchos miembros de la represión, vendidos o abandonados en institutos.
El último golpe de estado que sufrió la Argentina, autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional ", comenzó el 24 de marzo de 1976, cuando Isabel Martínez de Perón (presidenta de la Nacion, tras haber asumido luego de la muerte de su marido y compañero de formula en las ultimas elecciones, Juan Domingo Perón) fue derrocada por la junta de Comandantes, que posteriormente, asumió el poder. La misma estaba integrada por el Teniente General Jorge Rafael Videla (quien ocuparía el cargo de Presidente de la Nación), el Almirante Eduardo Emilio Massera y el Brigadier General Orlando R. Agosti. Ese día comenzó la época más oscura del país, que duraría hasta el año 1983, cuando retornaría la democracia.
Vuelvo a esos, ojos, esos ojos profundos e inocentes, por un segundo me pierdo en ellos, son los ojos de Claudia Poblete, que se conservan inocentes en esa foto. Sin embargo, retorno a la realidad, y ya esa chica desconocida no se encuentra junto a mí, tal vez la vuelva a cruzar en otras circunstancias, pero difícilmente volvamos a compartir esa mística que ambas sentimos en ese momento.
Sigo recorriendo la muestra y me encuentro con una compañera de curso, Alejandra, y le pregunto qué les pareció la muestra, “mira, la verdad no la pude ver con mucho detalle pero lo poco que estoy viendo me interesa, esto es impresionante”, me dice señalando la parte del mapa. Estamos en el corazón de la muestra, lugar donde confluye toda la verdad de esa época, nos encontramos paradas sobre un mapa del país, lo curioso del mismo es que se encuentra rodeado por paneles llenos de cartas, cartas de familiares, hijos, padres, abuelos, abuelas, madres, nietos,
Alejandra, me dice que lo que más le ha sorprendido de todo es el mapa, “este mapa es impresionante, yo no sabía que había tantos centros clandestinos en el país, me imaginaba que había menos”.
Durante la época de la dictadura hubo cientos de centros clandestinos de detención y torturas. En estos “laboratorios del horror” se detenía, se torturaba y se asesinaba a personas. Existieron 340 en todo el territorio. Locales civiles, dependencias policiales o de las propias fuerzas armadas, fueron acondicionados para funcionar cómo centros clandestinos. Ser secuestrado o "chupado", según la jerga represora, significaba ser fusilado o ser arrojado al río desde un avión o helicóptero.

Este trabajo inicial, era lo que yo tenia pensado utilizar de crónica, obviamente le faltaban muchos datos, como los de la muestra. Sin embargo, no estaba conforme con ello, es por eso que decidí comenzar desde cero con la misma, y dividirla por bloques para que sea más ordenada, y también para poder ordenar bien los datos, y que el público lector entienda el objetivo de dicha escritura. A pesar de que este inicio de crónica quedó en el olvido como un simple borrador, creo que si hubiese seguido por ese camino, no hubiera llegado a nada, o si la hubiera terminado, nadie la hubiera entendido. Espero que la nueva crónica sí se entienda.

Noelia Santolini

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