martes, 10 de junio de 2008

El plan

La plaza es amplia, ocupa cuatro manzanas, tiene caminos perfectamente arreglados y prolijos en su interior, por los cuales se puede recorrer completamente. Todas las manzanas se encuentran repletas de árboles añejos, cada cuatro metros hay bancos de madera barnizada y hierro forjado perfectamente cuidados. Todo es armónico y tranquilo.
En el centro del parque hay un monumento del prócer que le da el nombre al parque, el General San Martín. Hace más de medio siglo que la plaza se encuentra allí, delimitada por las calles Jujuy, Rivadavia, Salta y Mitre. Sin embargo, hace un año fue totalmente reconstruida, se colocaron nuevos y más cestos de basura, bancos y nuevos juegos para los niños. Todo tiene un aspecto campestre, los juegos están hechos con troncos de madera, al igual que los cestos y los bancos.
En la esquina donde se cruzan la Av Rivadavia y Salta hay un banco, clásico para Víctor, siempre que va al parque se sienta allí. Ese día Víctor estaba viendo a los niños jugar, con un cigarrillo entre sus dedos y echando bocanadas de humo por su boca, cuando repentinamente fue sorprendido por un hombre, de aspecto prolijo, alto y muy bien vestido.
- Disculpe, ¿Usted es el Sr. Elisaldo?
- Si, soy yo, ¿Con quién tengo el gusto?
- Bueno, mi nombre es Manuel Lebinson. Trabajo para los servicios secretos.
- Los servicios secretos no existen, dejaron de existir una vez terminada la segunda guerra mundial.
- Sí, eso es lo que le hicieron creer a toda la sociedad, pero en realidad hemos estado trabajando en secreto desde ese momento.
- No puedo creerlo, nos han estado mintiendo desde ese entonces, ¡Que vergüenza!
- Nuestro estado es de absoluta reserva y secreto, se imagina que si usted develará el secreto, bueno… no viviría… Pero, ese no es el motivo de mi visita. He venido p0orque el gobierno necesita de su colaboración.
- Mi colaboración, pero si yo no se hacer nada
- Si que sabe, sabemos que es un experto en cazar y matar animales, es sumamente necesario que colabore.
- Pero ¿Por qué?
- Bueno, el motivo es que hay que desbaratar el plan, antes de que se lleve a cabo, y usted señor, esta en peligro.
- Pero ¿Qué plan? ¿Cómo en peligro?
- Por el momento no es conveniente que se entere, podría ser muy peligroso.
- Peligroso, pero si no me lo dicen, no colaboro
- Señor, usted está obligado a colaborar, si no lo hace, podrían matarlo.
- En ese caso, ¿Qué es lo que debo hacer?
- En principio, matar a su vecino, el señor Pérez.
- ¡Pero como!, ¿Cómo matar a mi vecino? Si es un hombre muy amable, lo conozco hace años, no es capaz ni de matar a una mosca.
- Pues tendrá que hacerlo, forma parte del plan, además… si no lo hace, él podría matarlo a usted.
- ¡Cómo!
- O a su familia
-Pero ¿Por qué?
- Ya le dije, es parte del plan.
- Pero, yo nunca he matado a ninguna persona
- Pues tendrá que hacerlo, es usted o él.
- Bien, lo haré. Todo sea por proteger a mi familia… Dígame cómo y cuándo.
- Así me gusta, colabore. Tendrá que ser cauteloso, invéntese algo para ir a su casa, lo que sea, él lo invitará con gusto; porque justamente él verá la oportunidad de asesinarlo a usted. Entonces deberá envenenarlo con esto (Saca un frasco chico y oscuro de su bolsillo y se lo entrega), con este veneno morirá al cabo de diez segundos.
- No creo que sea capaz de tanto.
- Entonces no lo haga, creo que me equivoque de persona, además es un cobarde. De seguro para hoy a la noche usted ya estará muerto. Ahora disculpe las molestias ocasionadas, me retiro, pero recuerde que usted nunca me ha visto.
Se da vuelta y se dirige hacia el lado por donde vino, cuando ya estaba a varios metros de distancia, escucha la voz de un hombre que lo llama, es Víctor, se da vuelta y vuelve sus pasos hacia el hombre
- Espere señor… esta bien lo haré
- Así me gusta, mi compañero de aventuras, así me gusta. Esto tendrá que ser hoy a la noche, no podemos perder tiempo. No podemos dejar que el enemigo avance.
-Hoy a la noche será entonces.

Días más tarde Víctor se encuentra nuevamente en aquel parque, compañero de tantas aventuras y testigo de su primer beso con su mujer o de sus primeros pasos de su pequeño. Ese día estaba más impaciente de lo habitual, como esperando a alguien
-Al fin llega, ya me estaba poniendo nervioso.
- Tranquilo, no hay nada de que temer, nuestro primer enemigo ha caído en el campo de batalla, hemos conseguido nuestra primera victoria, sin embargo, la guerra no está ganada, hay muchos que eliminar antes de que eso suceda.
- Si usted lo dice.
- Pues bien, nuestro segundo enemigo es el cartero
- ¿Y el cartero porqué?
- Ay, todo tengo que explicarle, el cartero es parte del plan. Además no se ha fijado como lo mira, con odio, con recelo.
- La verdad, no lo había notado, pero ahora que usted lo dice es verdad, siempre me tira las cartas en el barro, todas llenas de barro me las deja, es un maldito.
- Pues eso lo hace para disgustarlo, porque lo odia, y usted debe sentir lo mismo por él.
- Bien lo haré, ya me esta empezando a gustar esto de matar por sobrevivir. Al fin y al cabo es la victoria del más fuerte.
- Mejor así, mejor así, mi querido amigo. Así cada vez le costará menos hacerlo.

Luego de varios encuentros con su cómplice, Víctor decidió no continuar con ese juego, se sentía culpable y estaba dispuesto a no continuar haciéndolo. Ese día se dirigió al parque dispuesto a terminar con todo eso. Al llegar allí parecía disgustado como no queriendo estar allí, como no queriendo encontrarse con nadie, parecía muy enojado, todo le molestaba, cuando de pronto vio acercarse una figura humana que se dirigía hacia él, una sombra alta y esbelta, cuando esta figura estaba cerca lo distinguió al instante y supo que era él nuevamente.
- Hey amigo
- Yo no soy su amigo.
- Bueno lo que diga, ¿listo para otra misión?
- Ya no quiero hacerlo
- ¿Cómo?
- Que ya no quiero hacerlo
- Pero usted que se cree, que esto es un juego, que se puede retirar así como así. Usted no se puede ir
- Pues búsquese a otro, porque yo ya no quiero seguir con esto. Once personas he asesinado, once.
- No eran personas, eran enemigos, y si usted no los mataba, ellos iban a matarlo.
- Pues no me interesa, ya no quiero hacerlo
- Pues tendrá que cumplir con su tarea, o tendré que hacerlo yo y luego matarlo a usted.
- Pues máteme, no me interesa
- No creo que sea conciente de lo que dice
- ¿Porqué dice eso?
Manuel saca una fotografía y se la enseña. Víctor se empalidece, queda por unos segundos estupefacto.
- ¿Y bien, qué le parece?
- No puede ser, usted no puede hacerlo
- Sí que puedo hacerlo, y lo haré si es necesario. A menos que lo haga usted mismo.
- No puedo, no puedo.
- Si que lo hará (Saca un arma de su bolsillo y se la apoya en la cabeza a Víctor)
- Máteme, no me interesa.
- Despreocúpese, primero los mataré a ellos, y luego lo mataré a usted.
- No eso si que no
- Sí, muero de ganas por verle la cara al pequeño Martín y a la pequeña Elizabeth. Pero más me gustará ver a su querida mujer Pamela, rogando por piedad.
- No, no lo hará.
- Oh, si que lo haré
- No, por favor (rompiéndose en llanto)
- Pero usted no comprende señor, ellos forman parte del plan, lo mataran. Ellos realmente no lo quieren, lo asesinaran, se lo aseguro y de la peor manera, y cuando eso suceda, cinco segundos antes de morir, cuando ya sea inevitable su muerte, se acordará de mi, y se arrepentirá de haberme desafiado. Yo no haré nada en su contra, yo estoy de su lado.
- Pero ellos son mi familia
- Ese es su error señor, ellos no son su familia.
- ¿Pero que me dice?
- No, no lo son, sus hijos y su mujer están muertos, hace mucho, ellos, los de ahora, son unos impostores y han matado a sus hijos y a su mujer, a toda costa quieren llevar a cabo el plan. Debe hacerlo, debe matarlos, o ellos lo mataran a usted.
- No, no puede ser cierto
Manuel:-pues lo es

Aun habiendo pasado muchos años Víctor nunca pudo limpiar su conciencia y tampoco pudo deshacerse de su “amigo, aquel que había conocido tiempo atrás en aquel parque.
Esta vez el escenario de encuentro había cambiado, ya no era el parque, difícilmente pudiera volver al parque, pero aún asi no se había podido desprender de su “nuevo amigo”.
Víctor se encontraba en una habitación forrada de paredes acolchonadas blancas, al igual que el piso, llevaba puesto un chaleco de fuerza, estaba muy desmejorado, tirado en el piso con las rodillas flexionadas y su cabeza apoyada en las mismas. Sobre su izquierda estaba Manuel que parecía querer consolarlo en vano.
- (en llanto) No debí hacerlo, no debí
- Señor, era usted o ellos, no hay otro secreto
- Sí, pero igualmente, esas dos criaturas, hijos o no míos, los mate, pobrecitos
- Bueno, lo hecho, hecho está. No se lamente que no sirve de nada. Por otro lado, lo felicito, la misión a concluido. Ahora sí podrá ser libre… Pero hombre no se preocupe tanto (Manuel se sienta a su lado)
Fuera de la habitación hay dos personas que lo observan, vestidos con guardapolvos blancos, parecen estar analizándolo, y tratando de entenderlo, sin embargo sus rostros desencajados parecen no encontrar una repuesta clara de lo ocurrido con el paciente, hablan entre ellos para ver si así logran entender un poco más la patología
- Míralo ahí, solo, llorando, estará tratando de lavar sus crímenes
- No lo sé, igualmente será difícil, quitar esa mancha.
- y que te parece, catorce personas asesinadas de la peor manera por él. Como para que no llore.
- Inimputable lo declararon.
- ¿Qué lo habrá llevado a cometer todos esos crímenes?, ¿Porqué cree que pudo haber matado a todas esas personas, incluyendo a su familia?
- Realmente, no lo sé.

Noelia Santolini

El narrador, consideraciones sobre la obra de Nicolai Leskov

Walter Benjamín

Benjamín comienza planteando que la figura del narrador aparece cada vez más aislada y por consiguiente, esta desapareciendo el arte de narrar, debido a que con el correr del tiempo, es más escasa esta práctica. Esto se debe a que el lado homérico de la verdad esta desapareciendo.
El autor establece una analogía entre el artesano y sus aprendices, y el escritor y sus seguidores. El primero transmite sus enseñanzas a sus aprendices, para que luego ellos se conviertan en maestros artesanos y transmitan el conocimiento adquirido a sus discípulos. En este sentido, el narrador transmite sus historias y anécdotas a sus escuchas o lectores, y a su vez estos también lo transmiten, debido a que estos se apropian del relato y lo reproducen. “el maestro sedentario y los aprendices vagabundos trabajan en el mismo taller; y todo maestro había sido aprendiz vagabundo en su tiempo, antes de asentarse en su patria o en el extranjero. Si los aldeanos y los marinos han sido los antiguos maestros de la narración, el taller medieval fue su escuela secundaria. Allí se encontraba la noticia lejana, que el peregrino traía a su hogar, con las noticias del pasado, que conserva con amor el sedentario”
También, autor establece que con la llegada de información en forma de noticias, la narración ha comenzado a desaparecer, esto se debe a que la información demanda cada vez mas explicaciones y menos especulaciones y conjeturas, como en el relato narrativo, “cada mañana se nos informa sobre las novedades de toda la tierra. Y sin embargo somos notablemente pobres en historias extraordinarias. Ello proviene de que ya no se nos distribuye ninguna novedad sin acompañarla de explicaciones. Con otras palabras, ya casi nada de lo que acaece conviene a la narración, sino que todo es propio de una información. Puesto que es casi la mitad del arte de narrar una historia de mantenerla ajena a toda explicación mientras se la reproduce”
En cada relato, el narrador deja sus propias huellas, aún en un relato ya conocido, esto también puede relacionarse con las artesanías creadas y modeladas por el artesano, “la narración, tal como se desarrolla en el circulo de los artesanos es también ella una forma artesanal de la comunicación. Hunde el tema en la vida misma del informante, para luego volver a extraerlo de ella. De ahí que en la narración permanezcan las trazas del narrador, como en el barro del ceramista quedan huellas de sus manos. Es inclinación del narrador iniciar la exposición de su historia relatando las circunstancias en que tomó conocimiento él mismo de lo que va a narrar, cuando no es que se lo atribuye directamente a una propia experiencia”
Coincido en esto con Benjamín, debido a que cada uno relata sus historias anécdotas o experiencias, según como las haya vivido o experimentado. Con esto me refiero a que si pusiéramos a dos personas y le dijéramos que nos relataran lo que ven seguramente cada una de ellas relatará cosas diferentes, aun estando en el mismo sitio, ya que cada uno observará y se maravillara con cosas diferente y aún relatando exactamente lo mismo veríamos las huellas de cada uno de ellos en su relato. Porque como d4eice leskov “el arte de escribir no es un arte liberal sino una artesanía”.

Noelia Santolini

El cuento tradicional y moderno

Jaime Rest

A partir del romanticismo comenzó a unificarse el género narrativo que hoy en día conocemos como cuento.
Hasta el renacimiento, la destreza del cuentista se radicaba en la narración de anécdotas, en cambio en la actualidad, el cuentista relata historias de su propia invención. En la modernidad ganó terreno la exploración psicológica, la situación ambigua y el episodio fragmentario. Como dice Rest en su texto, “No es que el cuento tradicional quede completamente relegado; sigue cultivándose en la Edad Moderna, pero muy rara vez. El cuento moderno es de arte absolutamente personal. Es un genero literario lo mismo que otro cualquiera. Cada cuento pertenece exclusivamente a su autor como le pertenece la novela, el drama o el soneto que haya escrito”
En la modernidad, el género narrativo es mucho más complejo; en la antigüedad se relataban anécdotas cronológicamente ordenadas; en cambio el relato moderno puede presentarse con una estructura desordenada.
En la narración moderna el cuentista puede tomarse todo tipo de libertades relacionadas con la estructura, la historia y la argumentación del relato, esta característica escasamente aparecía en la modernidad.

Noelia Santolini

Bing

Samuel Beckett

Este texto, al igual que muchos otros del autor, trabaja al límite del relato, nunca sabemos realmente el verdadero objetivo de la estrategia de escritura que utiliza el autor.
En este texto se puede notar claramente el ritmo. Este se logra con el juego de palabras que el autor nos invita a seguir tras cada línea escrita a lo largo del texto. “Todo sabido todo blanco cuerpo desnudo blanco un metro piernas juntas como cosidas. Luz calor suelo blanco un metro cuadrado blanco jamás visto. Muros blancos un metro blanco por dos techo blanco un metro cuadrado jamás visto.”
El texto, por demás particular, presenta diferentes características que le otorgan el ritmo, no necesariamente a través de la rima. Algunas de ellas son que no presenta verbos de ninguna clase, no hay artículos ni conectores, solo sustantivos y más sustantivos. Tampoco presenta comas, ni puntos seguidos.
Creo que el relato dice mucho más de lo que aparenta, a mi forma de ver habla del momento previo de la muerte, aunque no se puede establecer con certeza, ya que es un texto que deja muchos cabos sueltos y librados al azar de cada una de las interpretaciones que hagan los lectores.
En el ensayo La lupa de Beckett, el profesor de Estética de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, Jordi Ibáñez Fanés establece que “El teatro del absurdo es uno de los grandes recursos para desenfocar su literatura. Y aunque nos entendamos hablando de literatura del absurdo, la verdad es que es como si siempre hablásemos de otra cosa en realidad. Lo que hace Beckett no tiene nada de absurdo o paradójico y su comicidad es muy diferente de la de Ionesco, por ejemplo. Lo suyo es más bien una especie de lógica del sinsentido. Lo razonable es la desesperación. Pero hay que saber llevarla con un cierto sentido del estilo, con un mínimo sentido del humor”

Noelia Santolini

Duerme

Silencio enloquecedor respiración profundamente agotada duerme. Agotado amor y pasión derrochados en la cama. Cama dormida desarmada cómplice de la pasión de los cuerpos desnudos. Cuerpos desnudos casi transparentes duermen. Transparentes pasiones desatadas y cansadas.
Habitación amiga cómplice de amor. Amor convertido en rojo fuego de locura y pasión. Locura cuerpos cansados descansan en el lecho. Lecho silencioso tranquilo todo calma. Calma que nace luego del desenfreno de los cuerpos. Cuerpos extendidos sabanas blancas desparramadas duermen.
Descanso tranquilo sereno calmo.
Respiración profunda agitada tranquila. Cabello azabache derramado sobre blanca sabanas. Ojos cerrados respiración profunda. Cuerpos claroscuros perfectamente tallados duermen.
Calma silencio enloquecedor respiración profundamente agotada.

Noelia Santolini

viernes, 6 de junio de 2008

La espera


Una vez mi papá me dijo que una persona esta sola, solo cuando quiere estarlo. Sin embargo, luego de su partida sentí que estaba sola, aun sin quererlo.
Ese día fue maravilloso, nos levantamos como de costumbre a las 8.30, la mesa, decorada con galletita de todos los colores y facturas de crema y dulce de leche nos esperaba como todos los domingos. El desayuno de ese día era sagrado, los tres juntos sentados a la mesa, mi padre en la cabecera, mi madre a su derecha, y yo a su izquierda. Esa mesa rectangular me parecía enorme, sin embargo, ahora que la veo con algunos centímetros más de altura, me doy cuenta que no era tan grande como creía.
Luego de semejante agasajo, él se sentó a leer el periódico y mi madre se puso a cocinar ravioles, infaltables todos los domingos. Luego dos horas de siesta y a la plaza.
Rejas altas y negras separaban la casa de la calle, ruidos de llaves se escucharon entre las manos de mi padre hasta que la puerta se abrió. Comenzamos a caminar por la calle Alsina, solo cinco cuadras separaban mi casa del parque, aunque en ese entonces me parecían interminable, ahora concluyo que debía ser por la emoción que me causaba ir allí con mi padre. Desde la segunda cuadra caminada ya se podían ver las copas de los árboles que se extendían queriendo tocar el cielo.
Cien, ochenta, cincuenta, veinte, solo diez metros me separaban, solo un asfalto, no podía contener en mi cuerpo toda la emoción que sentía, entonces cuando crucé, mi padre me soltó la mano, que me había sujetado todo el camino y me eche a correr hacia la hamaca , por miedo a que algún niño entrometido me la quitara, pero nunca ocurría, a excepción de una vez que me pelee con una niña porque me quito mi lugar. Ese día mi padre se enojó como nunca conmigo, volví a casa despeinada y sucia, y llorando por el enojo de mi padre; la niña se fue igual que yo, ella me tiró los pelos, pero yo también a ella.
Pero este no era ese día, me subí la hamaca, mi padre me dio los primeros enviones y luego se sentó a verme, yo me hamacaba cada vez más alto, quería alcanzar el cielo, me gustaba sentir que el viento golpeaba suavemente mi cara. Inesperadamente me llamó, se sentó en un banco de plaza de madera barnizado, yo estaba hamacándome cuando me llamó y me dijo, recorda esto “una persona esta sola solo cuando quiere estarlo”. En ese momento no le di mucha importancia, tal vez porque no entendí lo que me quiso decir. Hoy muchos años después lo comprendo.
Mi padre era un hombre maravilloso, era muy respetuoso por la familia y los demás. Era muy conocido en la ciudad y yo lo admiraba por eso, creí que esa época mágica de niñez e inocencia jamás terminaría. Pero terminó.
Luego de su partida, yo tendría unos 14 años, unos hombres vestidos con uniformes prolijamente planchados de color azul, tocaron el timbre de mi casa, al instante comprendí lo que había ocurrido.
Nosotros lo habíamos despedido en la estación del pueblo 4 años antes, el 5 de octubre de 1940, y juró que regresaría, fue la única promesa que no cumplió.
Por las noches me despertaba creyendo escuchar sus pasos por el pasillo que conducía a las habitaciones, pero al instante caía en la cuenta de que era el viento golpeando las persianas.
A pesar de que me vida continuó su curso, nunca pude superarlo, tal vez porque el vínculo que tenía con mi padre era más fuerte que todo. Hoy traigo a mi hija a la misma plaza y me pierdo en el recuerdo, hacía mucho no que me ocurría esto…
Por un momento me pregunto dónde estoy, vuelvo a ser esa niña de 10 años hamacándose, inocente y despreocupada; pero luego el grito de una niña que me llama me trae de regreso a la realidad. Estoy sentada en aquel viejo banco, un poco mas desgastado por los años, y con graffitis de todos los tamaños, pero sigue siendo el banco. Lentamente la plaza se va despoblando y comienza a oscurecer, otro día más ha terminado, sin embargo yo sigo con mi espera.

Noelia Santolini

jueves, 5 de junio de 2008

Un día perfecto para el pez banana

Jerome David Salinger

En este texto Salinger relata la luna de miel de una pareja reciente que luego de la llegada de la guerra del hombre deciden casarse. La historia se centra el él, y en los trastornos que trajo consigo de la misma.
La estructura del texto es dialógica y cronológica y, a pesar de que no esta dividida en escenas, puede fácilmente identificarse tres áreas dentro de la masa narrativa. La primera se centra en una conversación telefónica que tiene la reciente esposa con su madre; la segunda es un juego que entabla el protagonista con una pequeña niña en la playa; por último, la escena de regreso a la habitación por parte del mismo y su posterior suicidio.
Todo el relato gira en torno al cambio brusco que hubo en la personalidad de Seymour Glass al regresar de la guerra. En la conversación que tiene Muriel Glass con su madre, en ningún momento deja de surgir la preocupación por dicho tema y el temor de que pueda ocurrir algo malo
“A través del auricular llegó una voz de mujer:



—¿Muriel? ¿Eres tú?La chica alejó un poco el auricular del oído.


—Sí, mamá. ¿Cómo estás?—dijo.


—He estado preocupadísima por ti. ¿Por qué no has llamado? ¿Estás bien?


—Traté de telefonear anoche y anteanoche. Los teléfonos aquí han...


—¿Estás bien, Muriel?La chica separó un poco más el auricular de su oreja.


—Estoy perfectamente. Hace mucho calor. Este es el día más caluroso que ha habido en Florida desde...


—¿Por qué no has llamado antes? He estado tan preocupada...


—Mamá, querida, no me grites. Te oigo perfectamente —dijo la chica


—. Anoche te llamé dos veces. Una vez justo después...


—Le dije a tu padre que seguramente llamarías anoche. Pero no, él tenía que... ¿estás bien, Muriel? Dime la verdad.


—Estoy perfectamente. Por favor, no me preguntes siempre lo mismo.”

En la segunda parte del parte del texto se presenta el protagonista de la historia, hombre por el cual sus suegros están tan preocupados, Seymour Glass, en esta escena se lo puede ver jugando en el agua con Sybil, una pequeña niña que conoce en el hotel. Es aquí donde le explica la historia de los peces banana y la invita a buscar alguno. En todo momento uno como lector cree que algo malo le va a hacer a Sybil, sin embargo luego de un rato de jugar con ella decide regresar al hotel sin hacerle ningún daño.
Esta preocupación constante de creer que algo le va a hacer a la niña no surge azarosamente, sino que, el autor del relato, desde el principio de la historia, nos presenta a este hombre como una persona sentimentalmente desequilibrada, motivo por el cual podemos sospechar que algo se trae entre manos.
Finalmente, cuando regresa al hotel, “imprevistamente” se quita la vida. Todas las conclusiones que el autor nos hace sacar, son luego derrumbadas al ver que Seymour no le hace daño a nadie, sino que se quita la vida.
La historia 1 es compleja pero fácilmente deducible, un hombre que luego de volver a la guerra acarrea consigo el peso de haber participado en ella. Sin embargo, la historia 2 presenta más claroscuros. Ya que en definitiva muestra la ceguera de una sociedad que no reconoce como propios los errores y que no se hace cargo de sus propios jóvenes que luego de vivir semejante sucesos son vistos como “bichos raros”, y por sobre todas las cosas no son comprendidos e ignorados.
Como dice Russo en su texto “Seymour ha vuelto de la guerra pero su familia, la familia de su novia, sus amigos, sus vecinos, los norteamericanos, lo han tratado como si la guerra hubiese sido apenas un mal trago, un rito de iniciación exagerado. Seymour soportó la guerra, pero no soporta hacer de cuenta que no estuvo en ella”
Salinger utiliza la metáfora de los peces banana para mostrar la avaricia de poder de los estados que actúan sin mediar las consecuencias de sus actos, enviando a hombres, familias enteras a la guerra sin luego hacerse cargo de ellos. E ignorando y minimizando lo ocurrido.
Por otro lado, se puede suponer que el mismo Seymour es un pez banana, debido a la que la cantidad de muertos que lleva en su conciencia lo llevan a no poder salir del poso, cuyo único destino es la muerte. Al comprender que él mismo es un pez banana, decide quitarse la vida.

Noelia Santolini